Policiales

Un hombre de 41 años fue encontrado esta mañana en el interior de una obra en construcción en Godoy Cruz. Las primeras versiones indican que el cuerpo de la víctima no presenta signos de violencia.

La obra está ubicada en la calle Guido Spano del departamento de Godoy Cruz. El cuerpo fue encontrado en el piso, boca abajo y con sangre en el rostro y sin signos aparentes de violencia, según informaron este mediodía desde el Ministerio de Seguridad.

La víctima fue identificada como Iván Chaca, de 41 años, y por estos momentos la oficina fiscal nº 4 investiga las circunstancias de la muerte.

(Por Agencias) – A las 3.37 del viernes, recluido en el módulo de presos del ala penitenciaria del hospital de Parma, Salvatore TotòRiina, el gran jefe de la Cosa Nostra siciliana y el padrino más sanguinario de la historia, dejó de sonreír y se llevó a la tumba todos los secretos de una carrera criminal tan extensa que permitiría contar la historia reciente de Italia a través de sus cadáveres.

El último capo dei capi, 87 años cumplidos algunas horas antes, condenado a 26 cadenas perpetuas y sospechoso de haber matado a más de 150 personas —40 de ellos con sus propias manos—, murió a causa de un cáncer que le mantenía postrado en una cama desde hacía meses. Su vida causó tanto dolor, que los tribunales no le permitieron consumir su último aliento en Corleone, como siempre había soñado.

La historia de Totò Riina, un metro y 58 centímetros de altura, pero capaz de declarar una guerra al Estado y poner de rodillas a todo un país, estuvo siempre rodeada de muerte. Hijo de una familia humilde de campesinos, perdió a su padre y a su hermano con 13 años cuando intentaban extraer la pólvora de una bomba de la Segunda Guerra Mundial que no había explotado.

Aquella detonación tiñó de sangre la infancia de Salvatore y le convirtió en el cabeza de familia a los 13 años. Con el tiempo, y varias decenas de cadáveres más, terminaría siéndolo también de la familia corleonesa, la dinastía que alcanzaría el poder absoluto en la Cosa Nostra y a la que también pertenecieron otros asesinos como Bernardo Provenzano.

Riina y su organización fueron una anomalía en el la historia de la Cosa Nostra.Leoluca Bagarella, Giuseppe Madonia… Comandaron a un grupo de hombres sin linaje en la aristocracia mafiosa. Pastores y campesinos que prácticamente no sabían leer tomaron el control de la organización y borraron del mapa a la anterior cúpula desatando una tormenta de sangre nunca vista. Solo entre la primavera de 1981 y el otoño de 1983, murieron o desparecieron 1.700 rivales. “Fue un exterminio étnico, suprimieron de la faz de la tierra a la aristocracia mafiosa. Y luego fueron a por el Estado: funcionarios, policías, militares, magistrados… querían mandar en la política, conquistar Italia. Ese fue su error”, recuerda el periodista Attilio Bolzoni. El obejtivo nunca fue el dinero, era el poder. El territorio.

Pocos rostros representan en el imaginario colectivo y de forma tan nítida la encarnación del mal en Italia. Una vez tomado el control, la bestia —como también se le conocía— inició su desafío al Estado en 1982 ordenando asesinar al general Carlo Alberto Dalla Chiesa, destinado en Sicilia para plantarle cara. Fue el primer aviso. Lo mató seis meses después de llegar a Palermo, junto a su esposa y a uno de sus guardaespaldas. La escalada culminó en 1992 con los asesinatos de Giovanni Falcone y de Paolo Borsellino, los magistrados que habían dedicado los últimos años de su vida a juzgar a 300 mafiosos en el famoso maxiprocesoiniciado en 1986. Nadie debía inmiscuirse en los asuntos de la mafia. Y menos en Sicilia.

Tras los atentados, Riina creyó que el Estado negociaría y escribió el famoso Papello, 12 condiciones para certificar el alto el fuego en el que figuraban premisas tan surrealistas como la eliminación de las tasas en la gasolina en Sicilia. Pero los asesinatos de Falcone y Borsellino, que provocaron una herida imposible de cicatrizar en Italia, fueron también el fin de su carrera criminal. En enero de 1993, seis meses después del atentado contra Borsellino, fue capturado en el centro de Palermo a bordo de un automóvil cuando estaba parado en un semáforo. Iba desarmado y llevaba documentación falsa. Cuando le dieron el alto, intentó escurrir el bulto: “Se equivocan de hombre”.